Mi vida con ellas

Daniela (1)

Agosto 15, 2008 · 17 comentarios

La amistad entre el hombre y la mujer existe. Es tan real que incluso tiene unidad de medida: la taza de café. Si antes de la quinta taza de café no hubo ningún intento de avance, automáticamente se convierten en amigos, aunque a veces este límite no es exacto. Sin embargo el punto de no retorno se da cuando nuestra amiga nos pide que la acompañemos al supermercado a comprar tohallitas femeninas. Ahí tenemos que perder todas las esperanzas, ella sólo nos ve como a una amiga más o, en el mejor de los casos, como a un primo o a un hermano.

Eso fue lo que me pasó con Daniela. Nos conocimos hace 10 años, bajo circunstancias que voy a contar en otro momento.

Gradualmente nos hicimos amigos. A veces ella se quedaba a dormir en casa y yo en la de ella, y nunca pasó nada. Ella se casó hace unos años y se fue a vivir a Quilmes. La distancia hizo que nos separemos, ya que si bien a veces nos mandábamos mails y coversábamos por msn, no era lo mismo.

Ayer nos vimos de nuevo después de mucho tiempo. Ella no sabía nada de mis historias con Liz y Julia, yo no sabía nada de su reciente divorcio. Ahora está buscando un departamento acá en La Plata para comenzar su vida de nuevo.

Ayer, sin embargo, hubo algo nuevo, algo distinto. Nuestro abrazo no fue un abrazo de amigos, duró un segundo más que un abrazo normal, y a veces esos segundos extras nos indican muchas cosas. Quedamos en que hoy vamos a cenar juntos.

Ahora me pregunto, ¿pueden los años sin vernos haber llevado el número de tazas de café a cero?

Categorías: Uncategorized
Etiquetado: ,