Mis primeros desentendimientos con las mujeres, tomando la palabra con el significado de que a veces no las entiendo, vienen de la época del jardín de infantes.
Las imágenes no son del todo claras, y se mezclan entre sí la clase del 12 de Octubre, cuando la señorita Norita nos contaba sobre Cristobal Colón y su afan de obtener especias para el rey, con la brujita Tapita que vivía en un tapón, que no tenía puertas ni ventanas ni balcón.
Lo que sí recuerdo, y muy claramente, fue la cantidad de veces que tuvo que ir mi madre al jardín para explicar mi mal comportamiento. Y acá es necesario aclarar lo siguiente: mi mal comportamiento se limitaba a las peleas diarias que tenía con alguno de mis compañeritos, pero no era peleas por tener un espacio de poder (sí, las búsquedas de poder se dan desde chiquitos), sino porque en el fondo yo era un idealista, un caballero que peleaba por los oprimidos, los débiles, y por supuesto, por las damas en apuro.
Sin embargo, todo superhéroe tiene su némesis. Un archienemigo con el cual pelear, incluso los superheroes de 5 años.
Mi enemigo era el típico payaso de la clase, que se había comprado la simpatía de la seño, con sonrisitas hábiles y chistes en el momento oportuno. Todo esto le daba cierta impunidad a la hora de molestarnos. Y tenía siempre un particular interés en molestar a las nenas, que continuamente venían a pedirme que las ayude, siendo conocedoras de mis cualidades morales.
Un día, cansado de tanta injusticia, y viendo que no dejaba de atormentar a la chica más bonita de la clase, decidí poner freno a tanto atropello. Fui hasta donde se encontraba y lo encaré de frente, mis palabras fueron mas o menos así :”Por favor, no moleste más a esta dama, o acaso no ve que su postura la incomoda?”, bueno, hay que traducirlo al lenguaje del momento, recordemos que eran los ochenta. Su respuesta fue muy clara:”Un golpe directo a mi nariz y su posterior desangrado”
Lo inentendible llegó momentos después, cuando la chica más bonita de la clase se puso a jugar a la mamá y al papá con el.
Años despues el Indio Solari cantaba “a las minitas les gustan los payasos y la sangre de campeón”