Mi vida con ellas

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Justiciero (no serial)

Junio 20, 2008 · 8 comentarios

Mis primeros desentendimientos con las mujeres, tomando la palabra con el significado de que a veces no las entiendo, vienen de la época del jardín de infantes.

Las imágenes no son del todo claras, y se mezclan entre sí la clase del 12 de Octubre, cuando la señorita Norita nos contaba sobre Cristobal Colón y su afan de obtener especias para el rey, con la brujita Tapita que vivía en un tapón, que no tenía puertas ni ventanas ni balcón.

Lo que sí recuerdo, y muy claramente, fue la cantidad de veces que tuvo que ir mi madre al jardín para explicar mi mal comportamiento. Y acá es necesario aclarar lo siguiente: mi mal comportamiento se limitaba a las peleas diarias que tenía con alguno de mis compañeritos, pero no era peleas por tener un espacio de poder (sí, las búsquedas de poder se dan desde chiquitos), sino porque en el fondo yo era un idealista, un caballero que peleaba por los oprimidos, los débiles, y por supuesto, por las damas en apuro.

Sin embargo, todo superhéroe tiene su némesis. Un archienemigo con el cual pelear, incluso los superheroes de 5 años.

Mi enemigo era el típico payaso de la clase, que se había comprado la simpatía de la seño, con sonrisitas hábiles y chistes en el momento oportuno. Todo esto le daba cierta impunidad a la hora de molestarnos. Y tenía siempre un particular interés en molestar a las nenas, que continuamente venían a pedirme que las ayude, siendo conocedoras de mis cualidades morales.

Un día, cansado de tanta injusticia, y viendo que no dejaba de atormentar a la chica más bonita de la clase, decidí poner freno a tanto atropello. Fui hasta donde se encontraba y lo encaré de frente, mis palabras fueron mas o menos así :”Por favor, no moleste más a esta dama, o acaso no ve que su postura la incomoda?”, bueno, hay que traducirlo al lenguaje del momento, recordemos que eran los ochenta. Su respuesta fue muy clara:”Un golpe directo a mi nariz y su posterior desangrado”

Lo inentendible llegó momentos después, cuando la chica más bonita de la clase se puso a jugar a la mamá y al papá con el.

Años despues el Indio Solari cantaba “a las minitas les gustan los payasos y la sangre de campeón”

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Bichito de Luz

Junio 19, 2008 · 7 comentarios

Del pre-jardín tengo muy pocos recuerdos, uno de ellos es estar escribiendo una carta a los reyes magos, pero ahora pienso que tal vez esa imagen sea apócrifa (se supone que uno va al jardín entre marzo y mitad de diciembre).

En aquella época también empezó mi aversión por el quacker con leche. Lo preparaba mi bisabuela especialmente todas las mañanas. Era una especie de sopa espesa, dulzona, y a veces, si me había portado bien el día anterior, me permitían espolvorear un poco de Nesquick (creo que en aquella epoca era Zucoa de Noel).

La consistencia de ese brebaje era tan viscosa, que cuando uno pasaba la cuchara podía llegar a ver el fondo del plato, y entonces uno tenía la ilusión de que la tortura terminaba. Pero no, era una tortura completa. De nada sirve una tortura si no hay un respiro, un tiempo para acomodar pensamientos y para que se renueve la esperanza, para después sistematicamente destrozarla, riendo a carcajadas. De esta misma forma, riendo a carcajadas, burlándose de mí, la avena caía de nuevo sobre el plato, haciendo que el fondo del plato fuese tan profundo como el fondo del océano.

Una vez que el transporte escolar nos retiraba, llegábamos al jardincito. A duras penas puedo ver una reja negra, y un árbol que puede haber sido un banano.

Lo que no me olvido, es que siempre corría tras de Laurita y Andrea, pidiéndoles un beso.

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Primer recuerdo

Junio 17, 2008 · 5 comentarios

El primer recuerdo que tengo sobre algún tipo de contacto con una mujer se remonta a la década del ochenta. Calculo que en ese momento tenía 3 años.

Ocurrió en un verano, era el último día de la colonia de vacaciones a la cual asistía mi primo. Ese día se realizaba alguna especie de kermesse o feria en una plaza en la ciudad de La Plata. Recuerdo que había muchos puestos de comida, y una gran cantidad de árboles, sobre todo palmeras. Recuerdo la humedad y el calor.

En una de las palmeras, en la parte de abajo, apareció un pajarito. No era un pájaro cualquiera, era un pichón que evidentemente había caído de su nido. No volaba, apenas podía caminar dando saltitos. Me acuerdo que tenía el pico amarillo,yo nunca había visto un pajarito con el pico amarillo, y creo que nunca más vi uno.

No fue dificil agarrarlo. Temblaba, su cuerpito estaba tibio.

Al poco tiempo se acercó una señora con su hijita, que tendría mas o menos mi misma edad. Me dijeron que ellas iban a cuidarlo, que lo iban a poner en una cajita y lo iban a alimentar hasta que tuviera fuerzas para volar.

Nunca más las ví.

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