Mi vida con ellas

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Lorena(y3)

Agosto 27, 2008 · 29 comentarios

Cuando miro hacia atrás y analizo mi noviazgo con Lorena solo puedo llegar a una conclusión: estaba enamorado.

No existe otra forma de explicar que haya esperado 3 meses para darle un beso, en ese momento no me pareció raro, yo era su primer novio y, en su grupo de amigas la más rápida lo hizo a las tres semanas, la que más tardo, seis meses. Incluso recuerdo con cierto cariño mis intentos por acercarme y sus mil excusas para correrme la cara.

Con ella probé por primera vez la indiferencia. Cuando cumplimos el primer mes de novios le llevé una rosa, mi escaso presupuesto de adolescente no me permitía una docena. Luché contra la masa de gente de un colectivo a la hora pico tratando que la flor llegue intacta a su destino, y lo logré. Al llegar a su casa, rojo de vergüenza se la dí. Me dijo gracias fríamente, me dejó esperando en la puerta y la colocó sobre la mesa.

Fue un noviazgo de zaguán. Jamás entré a su casa. Soporté el más crudo invierno parado estoicamente en la puerta. A veces nos abrazábamos. La mayor parte de las veces, no.

Cuando cumplimos un año, me dijo por primera vez que me amaba. Pero ya era tarde, ya no me importaba nada. Cinco días después cortamos.

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Lorena (2)

Agosto 14, 2008 · 13 comentarios

En todo grupo de amigos siempre está el que inicia el camino. Su rol de lider nato queda definido en cuanto entra a la barra. Generalmente tiene un hermano o una hermana mayor que le va diciendo cuales son los temas que hay que escuchar, que zapatillas hay que usar, y que programas hay que ver. A los 14 años se convierte en nuestro guía espiritual.

El nuestro se llamaba Pablo, era un año mayor que yo. Fue el primero que me hizo escuchar a Queen, Genesis y a Pink Floyd. Como era de esperar, fue el primero en tener novia. Su novia era Andrea.

Comenzaron a salir cuando Pablo estaba en primer año y Andrea en séptimo. Hacían linda pareja. Cuando Andrea cumplió quince todavía seguian de novios. Y todos estuvimos invitados a la fiesta.

Fue una fiesta sencilla, en la casa de ella. No hubo mariachis, ni palomas volando a las 12 de la noche. Ni siquiera hubo vestido blanco. Fue una fiesta perfecta.

Entre las invitadas también estaba Lorena, con sus ojos verdes hermosos. Me acerqué a ella cuando la fiesta estaba terminando y le recordé que todavía había una pregunta que no me había contestado. Me miró sorprendida y sólo sonrió. Me dijo que al día siguiente me contestaba, que en ese momento se tenía que ir y me dejó su teléfono.

El día siguiente era domingo. A las 5 de la tarde decidí llamarla, esta vez no iba a esperar un mes. Cuando me atendió fui directo al grano, le pregunté si ya sabía la respuesta. Me pidió que la espere. Le pedí que por favor me contestara en ese momento. Y se quedó callada. Como ruido de fondo se escuchaba a Silvio Soldán, conduciendo Feliz Domingo. Creo que escuché todo el YO SE, el REPECHAJE, y no sé cuantos otros juegos más esperando su respuesta, cada quince minutos le preguntaba si estaba ahí y me decía que sí, que lo estaba pensando. Cuando ya había perdido toda esperanza escuché su voz que me decía SI, que íba a ser mi novia, y cortó.

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Lorena (1)

Agosto 13, 2008 · 11 comentarios

La culpa de todo no la tiene mi madre, no. Ni la madre de nadie. La culpa de todos los males de este mundo siempre la van a tener las primeras novias. De ellas depende el desarrollo emocional de un hombre. Ellas son las que van a forjar nuestro caracter. Ellas nos modelan, nos inventan, van trazando todos los rasgos que sufriran todas las mujeres que vendrán. Son las responsables de todos nuestros defectos, y también de nuestras virtudes.

Aprendí a tener paciencia con Lorena, mi primera novia en serio.

La primera vez que la vi me enamoré. Tan enamorado como puede llegar a estar un chico de 12 años en séptimo grado. Estaba parada, esperando el colectivo. Me miró, temía unos ojos verdes hermosos, y me sonrió. A los doce años esas eran todas las pruebas, todas las señales que yo necesitaba para saber que era correspondido.

Al subir al colectivo me senté un asiento adelante del de ella. El viaje hasta mi casa duraba media hora. Cuando estaba por llegar, dos paradas antes de bajar me di vuelta y tuvimos el siguiente diálogo:

YO:Hola, como te llamás?

Ella:Lorena

YO:Hola Lorena, Querés ser mi novia?

Ella:No sé. Tengo que pensarlo.

YO: Me contestás mañana?

Ella:Bueno

Esa respuesta no llegó al día siguiente, ni a la semana siguiente. Cuando la veía le preguntaba si ya había tomado una decisión y su respuesta era siempre la misma:” todavía no”. Al cabo de un mes no le pregunté más, y la sumé a mi incipiente lista de fracasos.

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